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3 formas de conectar antes de corregir

Una pausa mínima puede cambiar lo que pasa después.

Un padre sentado junto a su hijo adolescente, con la mano en su hombro, hablándole en voz baja mientras el chico mira hacia abajo y hacia otro lado.

Conexión antes que corrección. Así los corazones se mantienen abiertos.

Cuando un niño está molesto, retraído, grosero o desbordado, solemos concentrarnos en qué decir. Pero lo más importante quizá suceda antes de decir nada.

Nos revisamos a nosotros mismos.

Como madres, padres y educadores, estamos a punto de modelar lo que viene después. Nuestro trabajo no es ganar ni controlar el momento. Es crear las condiciones para un mejor desenlace.

Estas son tres cosas que intento recordar.

1. Pausa

Tómate un instante. Siente los pies en el suelo. Respira. Baja los hombros.

Pregúntate: ¿Qué necesita de mí este momento?

Esa pausa mínima puede ser la diferencia entre reaccionar ante una conducta y responder a una persona.

Cuando modelamos calma, construimos confianza. La confianza crea seguridad. Y la seguridad hace posible la conexión real.

2. Conecta

Cuando alguien lo está pasando mal, solemos preguntar: ¿Qué te pasa? ¿Cómo te sientes?

Son preguntas que nacen del cariño. Pero a los chicos, y a muchos adultos, les cuesta ponerle palabras a lo que sienten, sobre todo en pleno momento difícil. A veces pedirles que lo expliquen es una tarea más.

La conexión puede ser más simple.

Tu hija o hijo adolescente sube al auto, apenas te mira y responde con monosílabos. Quizá sea:

Parece que tuviste un día intenso. Seguro hay mucho dando vueltas. ¿Tienes hambre?

Sin interrogatorio. Sin exigir contacto visual. Solo: te veo, estoy aquí, no tienes que resolverlo todo ahora.

A veces la conexión es una conversación. A veces es un sándwich. El momento importa.

3. Colabora

Cuando las cosas se calientan, no siempre hay que decidir quién tiene razón. A veces basta con interrumpir la energía:

Un momento. Tomemos una pausa. No hace falta averiguar de quién es la culpa ahora mismo. Dejemos que el cuerpo se calme primero.

Después, cuando todos estén más tranquilos:

¿Cómo crees que deberíamos seguir?

Seguimos siendo responsables de la seguridad y de los límites. Pero también podemos enseñar a los chicos a regularse, comunicarse, escuchar, reparar y participar en la búsqueda de soluciones.

Pausa. Conecta. Colabora.

Enraízate. Mira a la persona, no solo la conducta. Trabajen juntos hacia lo que viene.

Y la conexión no es solo para los momentos difíciles. Una sonrisa. Un saludo cálido. Una presencia tranquila.

Las conexiones pequeñas construyen confianza y pueden extenderse por toda una comunidad. La buena energía es poderosa. Puede suavizar la tensión, disipar la negatividad y recordarle a la gente que importa.

Estas son las habilidades que practicamos a lo largo del Creative Coping Toolkit, nuestro programa de alfabetización en salud mental basado en el cine y en evidencia. Porque la alfabetización en salud mental no es solo conocer el nombre de las emociones. Es saber qué hacer con ellas, para nosotros y para los demás.

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